El  fenómeno conocido como estrés puede ser una señal de alarma del cuerpo, que percibe un peligro. Tu ritmo cardíaco sube, enviando energía a los músculos y preparando el cuerpo para la acción. Pero los problemas que causan el estrés de nuestras vidas modernas rara vez requieren este tipo de energía. Como resultado, nuestros músculos acumulan esa tensión y nos sentimos cansados y agotados.

El estrés se puede atribuir también a muchos otros males de hoy, como las afecciones cardíacas. También puede hacer que empieces a «comer por el estrés”, algo que casi todos hemos experimentado en algún momento, picando cosas poco saludables en un intento de sentirnos mejor. La única solución válida a esto es reducir el estrés. Hay varias formas eficaces de conseguirlo.

1.    Buscar e identificar la causa principal de tu estrés es el primer paso para desarrollar tu plan personal antiestrés. Una vez descubras qué es lo que te está causando problemas, estarás en una posición mucho mejor para hacer algo al respecto.

2.    Ejercicios de relajación: desafortunadamente, el estrés no siempre se puede evitar. Por esa razón dar un descanso a tu cuerpo debería ser una prioridad. Tómate un descanso, relájate y suelta la tensión. Los sentimientos desagradables causados por las presiones de tiempo, sociales y laborales se disiparán una vez tu cuerpo esté relajado. Así que recuéstate y respira profundamente un par de veces. Intenta oler algunos aceites esenciales, como lavanda o eucalipto, que tienen un efecto calmante.

Relaja todos los músculos de tu cuerpo estirando los brazos, piernas y torso. Bostezar también puede ayudar. Cierra los ojos y di para tus adentros que estás relajado y calmado. Repite la frase: «Soy tan pesado como el plomo” al menos seis veces y siente el peso en tus brazos y piernas. Luego levántate poco a poco. La tensión habrá desaparecido.

3.    Saca algo de tiempo para ti: mucha gente se estresa incluso en su tiempo libre.

Puede que tengas que ir al gimnasio, hacer algunas compras, ir a ver a unos amigos o quizá tengas que hacer algunas llamadas.

Lo llamamos «tiempo de ocio”, pero a veces es de todo menos ocio. Esfuérzate por alejarte de todo durante un tiempo. Tómate una taza de té, lee un buen libro o disfruta de un reparador baño. Aprende a decir «no”. Tus amigos y familiares lo comprenderán.

4.    Organízate: puedes reducir el estrés enormemente si estructuras tu día. Planifícalo todo dándote tiempo suficiente para cada actividad y ve de un sitio al siguiente según el plan. Cuidado: no sobrecargues tu horario. Quizá te resulte útil hacerte una lista de tareas. Puedes ir marcando las tareas según las vayas realizando a lo largo del día.

Planifica una actividad principal para cada día de la semana. Por ejemplo, podrías ir de compras el lunes, al gimnasio el martes y con tus amigos el miércoles.

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