Durante esta etapa tan importante para una mujer es importante conocer aquellos cambios que se producen en su cuerpo y su funcionamiento, para poder darle las herramientas necesarias para vivir los nueve meses de gestación del bebé, y los meses posteriores de lactancia, de la forma más saludable posible.

Principales cambios que se producen durante el embarazo

Anatómicos:

Laxitud articular: los ligamentos y los tendones se vuelven más “elásticos”, pudiéndose estirar más de lo normal, dando lugar a movimientos más amplios de las articulaciones perdiendo éstas su normal estabilidad.

Separación de la sínfisis púbica: debido a esta laxitud articular la articulación situada en el pubis, por delante de la pelvis, puede separarse, haciendo más anchos los diámetros internos de la pelvis para posibilitar la apertura de los huesos pélvicos durante el parto para permitir el paso del bebé a través de este canal.

Diástasis abdominal: según el bebé va aumentando de tamaño durante la gestación, la musculatura abdominal de la madre se va distendiendo, marcándose en la parte central del abdomen una línea que atraviesa el ombligo de arriba abajo (línea alba) que puede verse más clara o más oscura. En ocasiones si no hay un buen tono abdominal las fibras de dichos músculos pueden distenderse demasiado, separándose y abriendo espacios entre ellas.

Posturales:

Aumento de la curva lumbar: debido a la distensión del abdomen hacia delante y el peso del bebé hacia delante y hacia abajo, se produce un aumento de la curvatura de las vértebras de la región lumbar de la columna (hiperlordosis). Esto puede provocar un aumento de la presión en los discos intervertebrales, así como dolor a nivel ligamentario vertebral y dolores musculares por contracturas, incluso pequeñas irritaciones o pinzamientos del nervio ciático que sale de la médula por la columna vertebral a ese nivel y baja por la pierna en la parte posterior. Son frecuentes así en el embarazo las lumbalgias y las lumbo-ciáticas.

Apertura de las caderas: debido al peso del bebé, el aumento de la curva lumbar y la laxitud articular se produce una rotación externa del fémur y la articulación de la cadera, que a veces tiene como consecuencia pequeñas tensiones y contracturas en la musculatura glútea y piramidal, con dolor en esta región glútea y a veces irradiación también hacia la pierna por compresión del nervio ciático. Además, pueden aparecer molestias en las articulaciones de las caderas, localizadas en el lateral o más profundo a nivel de las ingles.

Desplazamiento del centro de gravedad: se produce un desplazamiento hacia delante del centro de gravedad del cuerpo, así como del eje corporal. Puede afectar a las cadenas musculares anteriores y posteriores del cuerpo, generando distensiones o sobreestiramientos así como contracturas y sobrecarga para algunas articulaciones, tanto en pies y tobillos como rodillas, caderas, pelvis, columna…

Fisiológicos:

Aumento del gasto cardíaco y del volumen de sangre: hay una demanda sanguínea extra para el desarrollo del bebé

Disminución de la resistencia vascular periférica (a nivel de los miembros): responsable de la hipotensión y de la hinchazón de las venas en las piernas y pies sobre todo, con aparición de edema

Aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria y de la ventilación pulmonar: el metabolismo celular requiere de oxigenación y nutrición sanguínea para atender las demandas tanto de la madre gestante como del feto que se está formando

Sensación de dificultad respiratoria: el progresivo crecimiento del feto puede comprimir el diafragma hacia arriba, impidiendo su completo descenso en la fase de inspiración de la respiración, provocando en la madre la sensación de fatiga respiratoria, sumado al aumento de peso, que puede hacer a la madre sentirse menos ágil.

Además, en ciertas posiciones (tumbada boca arriba y tumbada el lado derecho) el peso del feto puede comprimir la vena cava inferior, que lleva sangre al corazón de la madre. Es por ello que se debe dormir del lado izquierdo para facilitar el transporte de sangre a los órganos de la madre y del feto.

Aumento del gasto calórico y temperatura corporal: el metabolismo celular aumentado para generar nuevas células del feto, produce un aumento del gasto calórico, quemando calorías, incluso estando la madre en reposo, lo que hace necesario vigilar la alimentación y nutrición adecuadas de la misma. Este aumento del gasto calórico, así como del transporte de sangre produce que la temperatura corporal de la madre ascienda en algunos grados.

Hipoglucemia: es necesario que la madre lleve una dieta adecuada a la nueva situación, para que ese aumento metabólico, que principalmente afecta al metabolismo de los hidratos de carbono, no provoque una bajada de los niveles de azúcar en sangre, dando como resultado mareos, desmayos, etc.

 

Alimentación y nutrición durante la gestación

El feto que se está formando requiere nutrientes para el desarrollo de cada uno de los órganos y sistemas de su cuerpo. Es imprescindible una adecuada nutrición de la madre para prevenir posibles alteraciones en su organismo, como afectación de sus dientes, anemia, descalcificaciones, así como aborto espontáneo, parto prematuro o niño con bajo peso al nacer.

Es importante valorar el estado nutricional de la mujer embarazada, además de con análisis clínicos, bioquímicos y fisiológicos, con el estudio de la ingesta diaria de alimentos y nutrientes, realizando también las medidas antropométricas y estudio de la ganancia ponderal (peso).

El aumento normal de peso durante el embarazo está establecido entre los 9 y los 12 kilos, de los cuales 1,5 kg corresponderían al primer trimestre, 3 kg al segundo y el resto en el último trimestre.

De este peso, aproximadamente unos 2 kg son de tejido adiposo, y se quedarán en el cuerpo de la mujer tras el parto, siendo necesarios unos 6 meses para volver al peso inicial.

La lactancia natural ayuda a eliminar más fácilmente esta acumulación de grasa.

El tradicional dicho de “hay que comer por dos” no es cierto, hay que ingerir alimentos y nutrientes para dos, pero no multiplicar por dos la ingesta que hacía la madre previamente al embarazo.

Los requerimientos nutricionales aumentan especialmente durante el segundo y tercer trimestre de gestación, no siendo necesaria una ingesta calórica adicional durante el primer trimestre (aunque sí en micronutrientes concretos).

Problemas alimentarios y nutricionales que suelen aparecer durante el embarazo:

  • Ganancia excesiva de peso
  • Aversión o rechazo a un alimento o grupo de alimentos
  • Problemas de acidez o intolerancia
  • Distribución inadecuada de comidas
  • Problemas de estreñimiento

Existen además unas necesidades específicas de nutrientes (macronutrientes y micronutrientes) debido al crecimiento de la placenta y al aumento de los tejidos maternos y fetales.

Necesidades en macronutrientes:

  • Aumento del consumo de proteínas: para la creación de nuevas células y el desarrollo correcto del sistema neuromuscular del feto, así como evitar el desgaste de la madre y regular sus ciclos de sueño, haciéndolo más reparador. Se recomienda equilibrar las proteínas animales y las vegetales, para disponer de todos los aminoácidos esenciales controlando la ingesta de grasa y colesterol.
  • Control de los hidratos de carbono: evitar la hipoglucemia a través del consumo de hidratos de buena calidad (frutas y vegetales, cereales integrales, legumbres…) disminuyendo el de hidratos procedentes de la bollería industrial, productos refinados, etc.
  • Ingesta de fibra: para prevenir y mejorar el estreñimiento. Tanto fibra soluble como insoluble. Aumentará el volumen de las heces, pero además facilitará su evacuación.
  • Control del consumo de grasas; disminuir las saturadas y aumentar las insaturadas (omega 3): disminuye el riesgo de prematuridad del feto, disminuye la hipertensión asociada al embarazo y reduce la probabilidad de depresión postparto de la madre. Además, el omega 3 tiene una función neurotransmisora y sobre el desarrollo de la agudeza visual del niño. Encontraremos la mejor fuente de omega 3 en el pescado azul y en las nueces.

Necesidades en micronutrientes:

  • Minerales a reforzar: calcio, fósforo, hierro, zinc y yodo, principalmente. Para el buen desarrollo de todos los nuevos tejidos y funciones del feto (sistema osteomuscular, neurológico, digestivo, reproductor…) y mantener la salud de la madre en todos sus órganos y funciones. Carnes, pescados, huevos, lácteos, frutas, verduras, hortalizas, cereales, legumbres, frutos secos… proporcionarán los diferentes minerales necesarios.
  • Vitaminas a reforzar: ácido fólico (B9), B1, B2, B3, B6, B12, vitaminas A, C, D, E y K. Encontraremos estas vitaminas en las frutas y verduras principalmente, y algunos productos de origen animal, como la carne, el pescado o el huevo.

El ácido fólico es imprescindible para asegurar una buena formación del tubo neural del feto, así como las vitaminas del grupo B para el correcto funcionamiento del impulso nervioso y del sistema cardio-circulatorio y respiratorio. Se recomienda  el ácido fólico desde 1-2 meses antes del embarazo y es más efectivo junto con B6 y B12 y junto a la vitamina C.

Las vitaminas A y C intervienen en la calidad de los tejidos como el colágeno, que formará parte de piel, mucosas y tendones; y en el desarrollo de un buen sistema inmunológico.

Aunque se planifique una dieta adecuada a la madre gestante, en cuanto a nutrientes y calorías mediante el consumo de los diferentes grupos de alimentos, a veces puede ser necesaria una complementación nutricional con suplementos que procedan de cultivo ecológico.

Estos complementos pueden ayudar no sólo a llegar a los niveles óptimos de C.D.R. (cantidad diaria recomendada) de los nutrientes necesarios para el proceso de la gestación, sino a paliar algunos de los síntomas a nivel físico, fisiológico y psicológico que suelen aparecer: dolor muscular, dolor articular, edema en las piernas, cambios de humor, etc.

Todo esto será valorado por su médico especialista (ginecólogo, obstetra, endocrinólogo) y su dietista o nutricionista.

No podemos olvidar la importancia de una adecuada ingesta de agua diaria, puesto que ésta es necesaria también para la formación de los nuevos tejidos y para prevenir la deshidratación de la madre, así como cualquier tipo de afección urinaria que pudiera aparecer durante el embarazo, y para la correcta eliminación de toxinas y de retención de líquido del organismo, hecho éste último que también se puede mejorar controlando el consumo de sal en las comidas.

Sara Gómez Marquina

Gerente y Terapeuta en Avnatural Cantabria

*Artículo publicado con anterioridad en Ecolife Food

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